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Cuando llega ocasión venturosa de loar merecimientos de aquellos que la voz popular por edades sucesivas ha ido ensalzando sin contradicción; cuando por acto que enaltece á las naciones se tributa en la nuestra homenaje á uno de los hijos que bien la sirvieron, es permitido á todos, si de otra cosa que la buena voluntad carecen, aportar á la ofrenda común hojas humildes sobre cuyo fondo resalte más la flor de los ingenios.
Flores hermosas tiene la corona cívica tejida á
la memoria del marqués de Santa Cruz: bizarría de soldado,
nobleza de caballero, resolución de capitán, generosidad de
magnate, pericia de marinero, penetración de político, sangre
fría, discurso, previsión, carácter de hombre superior,
como aromas trascienden en conjunto, por el cuidado y arte con que las cogieron
en cien lugares del verjel hazañoso del guerrero, los que cultivan la
floresta literaria española. Así, solo á dar bulto al
follaje se endereza esta relación somera de sucesos258, en que no con la espada, con la voz,
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Escuchando el eco que la conquista del Peñón de Vélez esparció en Europa, proyectaba Solimán el Grande un golpe cuyo ruído ahogara el del vencimiento de aquella roca. Isla por isla, era objeto de su pensamiento la de Malta, destinando á los caballeros de San Juan de Jerusalen la suerte que habían sufrido los de Rodas, al hacer etapa adelantada de la Media-Luna en el camino de absoluto dominio del Mar Mediterráneo.
El secreto de las prevenciones no era tanto que se ocultara á la penetración de los interesados en saberlo: tuvo el anciano frey Juan de la Valleta, maestre de la Orden, noticia á ciencia cierta del nublado que le amenazaba, y ante la inminencia del peligro, avisó á los príncipes cristianos solicitando ayuda, ya que patrimonio común y baluarte avanzado de la cristiandad era Malta, y cuartel internacional de la nobleza. No obstante, los soberanos hicieron oídos sordos, sin más excepción que la del Santo Padre, dispuesto á dar auxilio pecuniario, y la del rey católico de España, que lo ofreció eficaz de cualquier modo.
Desde luego comunicó el rey Felipe su decisión á D. García de Toledo, capitán general de la mar y virrey de Sicilia, encargándole especialmente del socorro, así en razón de ser marítima la empresa como por la vecindad del virreinato á la residencia de los caballeros hospitalarios. D. García los visitó á seguida, á tiempo que la primavera del año 1565 daba sus galas á las campiñas de la isla, quedando satisfecho del estado de las fortificaciones y de la disposición del caudillo valeroso que á cargo las tenía. Puso á sus órdenes 400 soldados españoles sobre 1.000 que contaba, y otros 400 italianos; discurrieron juntos, de probabilidades; concertaron medios de comunicación, conviniendo en la resistencia á todo evento.
Á poco
espacio de tiempo trascurrido, el 18 de Mayo, llegaban á la costa
doscientas velas, vehículos de desolación y muerte. Las
regía Piali, capitán bajá de siniestro renombre, vencedor
de los Gelves, secundándole todos aquellos que espumando la mar
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Cuatro días después del desembarco abrían la trinchera ante el fuerte de San Telmo, llave del puerto; diez más adelante, esto es, el 3 de Junio, ganaban los genízaros el rebellín. Lo demás pertenece á la epopeya de los caballeros defensores; y lo que importa ahora, conservando en la memoria la fecha del primer asalto, es saber qué se hacía por fuera para socorrerlos.
Mirando en ello ahincadamente, el rey D. Felipe, andaba preocupado de inconvenientes y de transcendentales contingencias, que era cuestión en que ponía al volver de un dado la suerte de la monarquía. Si su armada naval sucumbía en el empeño; si la preponderancia marítima otomana deshacía el reparo de aquellos vasos, no solamente Orán, Mazalquivír, y tras las posesiones africanas, Sicilia y Calabria, quedarían bajo el alfanje de Solimán; los moriscos de España rompían el escudo que la Península pudiera presentarle. Había por tanto de reforzar primeramente los presidios, encargo que confió á nuestro D. Álvaro; había de dar á D. García de Toledo medios efectivos, concentrando los tercios de guarnición de Lombardía, Nápoles y Córcega por más próximos; reforzarlos con bisoños; alistar en Italia, con el concurso de los potentados, mayor número; allegar bajeles que embarcasen el total de la fuerza; constituir, por último, una escuadra que abriera el camino, operaciones complicadas aun en nuestros días, contando con incomparables elementos.
También cupo á Bazán la mejor ó más trabajosa parte en las jornadas de preparación. En Málaga tomó á bordo cañones; en Cartagena, Barcelona y Palamós, raciones y soldados; en Génova y Civita-Vecchia más tropa, incorporando á su escuadra las galeras de la Señoría y las del Papa.
Del gobernador de Civita-Vecchia
tuvo dos nuevas harto graves: el fuerte de San Telmo en Malta era perdido; los
vigías de la costa avisaban la presencia de 60 galeras enemigas cruzando
sobre la
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Rendida la fortaleza de San Telmo, venía á ser la situación de Malta tanto crítica, que importaba socorrerla á tiempo sin preocuparse de cosa que lo embarazara. Decíase cubrían el pasaje 60 galeras; la armada cristiana no pasaba de 40; mas como estaban en manos de buenos capitanes y excelentes soldados, así hubiera en el aviso la certeza que no había, tenía pensado ir adelante, y de topar con los turcos darles la batalla, esperando en Dios les concedería victoria.
Los capitanes aludidos no eran precisamente de la opinión de su jefe: la diferencia de 60 á 40 galeras, supuestas de igual fuerza una á una, les parecía bastante expresiva para evitar el encuentro, considerando que si las españolas se perdían en aventura, quedaba Malta sin esperanza de socorro. La expresión del voto del Consejo fué en consecuencia dilatar la salida; la resolución de D. Álvaro salir, como salió en el acto, hechas las prevenciones de combate.
No habrían navegado 12 millas, cuando se vieron en el horizonte las velas anunciadas; no por ello hubo mudanza en la derrota que las aproximaba; se estrecharon sí los espacios de la línea; se apercibieron todos con las armas en la mano; ondearon las insignias españolas en los palos y... los blasones de España aparecieron por respuesta en las galeras que se estimaban turcas. Eran las de la escuadra de Juan Andrea Doria, despachadas en busca de la hueste de Florencia, no tantas por cierto como el recelo de los torreros de la costa había contado.
Tuvo al fin D. García de Toledo juntos en
Mesina los más que esperaba, hombres y bajeles, con instrucciones del
rey, si apremiantes, aflictivas por la incertidumbre del espíritu y la
enorme responsabilidad que en el general ponía la letra. Natural era
querer compartirla, á cuyo fin convocó el Consejo.
Formábanlo Álvaro de Sande, coronel de la infantería
española del reino de
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¡Qué nombres! ¡Qué constelación del cielo de la milicia! ¡Y qué lástima que fueran de un mundo entregado fatalmente á la discrepancia de los juicios!
Don García no les disimuló la situación de los sitiados. Por la exposición precisa que hizo, ceñían las riberas de Malta galeras y galeotas guardando estrechamente el acceso. La plaza se hallaba tan al cabo que si en el movimiento había dilación, podría llegar tarde el remedio. Era la voluntad del rey ponerlo urgentemente, y de su parte estaba codicioso de acometer la empresa, teniendo disponibles, malas y buenas, 90 galeras, 45 naos embargadas al comercio, 6.000 soldados españoles viejos y nuevos y 1.500 italianos. De estas últimas tropas deberían llegar todavía 4.000: había facilidad de acrecentarlas, no así de obtener las embarcaciones que su translación exigiría. Con estos datos pedía á los capitanes esforzados y de sutil ingenio, allí reunidos, discurrieran el modo de llenar los deseos de su Majestad, de forma que ni la armada cristiana se arriesgase, ni las hordas turcas hicieran la presa que tenían por suya.
Ascanio de la Cornia, maese de campo
general -ó jefe de Estado Mayor, como hoy diríamos- del
ejército expedicionario, designado para iniciar los pareceres,
excusó el juicio en cosas de mar á que se reconocía ajeno.
Sin embargo, manifestó que en manera alguna se pensara en aventurar
batalla naval, más que por la enorme superioridad numérica de las
doscientas y más galeras de los otomanos, en razón á la
que moralmente poseían, efecto de continuados triunfos. Pero si hubiera
medio de poner en tierra
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El dictamen de Ascanio reproducía fielmente la opinión de aquellos tiempos. Cervantes nos lo ha dicho. La infantería española se juzgaba incomparable en tierra; invencible en mar la armada turca. No embargante, Bazán, que por categoría subalterna habló el segundo, dió muestra gallarda de criterio libre de prejuicios, proponiendo al Consejo un plan inesperado.
Barcos de comercio sin artillería, como los que estaban embargados, no podían servir más que de estorbo: prescindiendo de ellos y aun de las galeras de malas condiciones, debía, á su entender, hacerse elección de 60 buenas; armarlas y guarnecerlas con lo mejor de todas, y embarcando 150 soldados en cada una, que harían 9.000, atravesar rápidamente el canal desde la isla de Gozzo. Por razonable hipótesis, una parte de la armada turca había de estar en el puerto batiendo los fuertes y descansando durante la noche de la fatiga diaria, mientras otra parte, por divisiones ó grupos, andaría en custodia de los puntos más accesibles de la costa; y podrían ocurrir dos casos: uno, que la escuadra del socorro pasara sin encontrar las enemigas, y entonces pondría en tierra los 9.000 soldados, dándoles munición y vituallas á hombro, antes que pudieran impedírselo: otro, que topara con una de las divisiones de la guarda, y como en toda probabilidad ninguna excedería de 50 á 60 galeras, escasas de guarnición por el contingente dado á las trincheras, las españolas, reforzadas como iban, darían cuenta de ellas.
Los generales más autorizados por edad y grado, encontraron un mundo
de razones contrarias al atrevido proyecto de D. Álvaro. La
operación del desembarco es lenta de necesidad: de día no
podía verificarse sin ser descubierta y sin que acudieran á
impedirla todas las naves contrarias, en razón á no tener Malta
más de 60 millas de circuito, que se promedian pronto: la noche, madre
de confusiones, es arriesgada al pánico. No era cosa tampoco de dejar en
la playa los soldados con alguna galleta en el morral: habría que
proveerles de acémilas y artillería, sin lo cual desde
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Bazán respondió á las objeciones con lección que tendría aprendida de Horacio si la experiencia propia no se la dictaba. «En las empresas, dijo, después que se han pesado bien las circunstancias, hay siempre que dejar algo á la fortuna.»
Empero, Álvaro de Sande, Sancho de Leyva, Pompeo Colonna, los demás capitanes, no abogaban por la audacia. Quién aconsejó llevar las fuerzas disponibles á cualquier ataque en África que sirviera de diversión á los sitiadores; quién que se esperara en Siracusa alguna oportunidad imprevista; el socorro de Malta, ninguno. ¡Así el Consejo aliviaba la responsabilidad del capitán general y satisfacía á la ansiedad de Europa!
D. García acudió todavía á otro expediente: tras los Consejeros de guerra escuchó á los pilotos y prácticos de la costa, que confirmaron la sentencia de abandono de los caballeros de San Juan. El dictamen pericial declaraba imposible el propósito de echar la gente del socorro en tierra.
Por fortuna, el caudillo no era hombre encogido. Como se acomodaba á sus inclinaciones el voto solitario de D. Álvaro, lo puso por obra, de manera que el sábado 25 de Agosto de 1565 salía del puerto de Siracusa con las 60 galeras aligeradas hasta de fogón y esquife; con los 9.000 soldados, á quienes no había consentido llevar otra cosa que las armas y una camisa con que mudar la puesta, y de remolque barcas grandes construídas á propósito para el desembarco.
Una contingencia que no había entrado en el cálculo, que no se preveía en la estación de la bonanza, puso en apuro á la expedición en las cercanías de Cabo Passaro, dispersándola, destrozando ó perdiendo los barcones, desmoralizando á la gente del transporte. Cuando se reunieron de nuevo las galeras en Trápani, fué menester dar algún descanso á los soldados mareados y enfermos, poniéndolos en tierra, circunstancia que aprovecharon más de 1.000 para hacerse perdidizos, desapareciendo de las filas tanto en esta como en segunda dispersión y arribada.
Templado en la contrariedad debía de estar el
espíritu de don
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El primer impulso de Piali fue salir á castigar la osadía de las naves cristianas: lo dominó el temor de un ataque por la espalda en las trincheras, donde el apresuramiento había sembrado indecible confusión. Delante de ellas no había ya otra cosa que un montón de escombros con que se cubrían unos pocos héroes; obra de 60.000 cañonazos ayudados de los hornillos de las minas; pero desde aquel montón, cantando Te Deum laudamus, presenciaron los hospitalarios caballeros la huída del orgulloso Mustafá con 30.000 hombres menos de los que llevó al asedio.
D. García de Toledo, propietario legítimo de la láurea maltesa, no pierde nada de su gloria con que se adjudique una rama al único de los consejeros que discurrió el plan realizado.
Seis años después del suceso referido, se hallaban de nuevo en asamblea consultiva muchos de los que discordaron en Mesina: Ascanio de la Cornia, Ligny, Pompeo Colonna, Gil de Andrada, Juan de Cardona, el marqués de Santa Cruz, en concurso con generales de Venecia y Roma. Presidíalos D. Juan de Austria, generalísimo de la Santa Liga, tratando cuestión no menos ardua, sin que, cual suele acontecer, se concertaran las aspiraciones ni los pareceres.
Los turcos, decía Juan Andrea Doria con la autoridad de una reputación adquirida en la mar, nos aventajan en galeras, en pericia, en fuerza, en ímpetu y en la confianza que solo dan los hábitos de la victoria. Sería temeridad sustentar con ellos batalla de poder á poder.
No se han juntado nuestros
príncipes, llenando el mundo de esperanzas y el mar de bajeles, para la
inacción, expuso el marqués
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Sabido es que también por esta vez prevaleció el dictamen de D. Álvaro con éxito asombroso. Loemos, pues, al consultor tanto como aplaudimos al guerrero, conviniendo, por lo demás, en la razón con que cantó un poeta de su tiempo:
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La Real Academia de la Historia posee259 una relación de autor anónimo, hasta ahora inédita, en que se sienta la autoridad que ejerció el voto de D. Álvaro de Bazán en ocasiones graves, distintas de las mencionadas en esta oración. Ha parecido oportuno sacar de la oscuridad el manuscrito que podrán utilizar los biógrafos del marqués de Santa Cruz, agregándolo á las notas bibliográficas formadas con ocasión del tercer centenario. La relación no tiene título y es del tenor siguiente:
«Siendo Don Alvaro de Baçan, abuelo del marques de Santa
Cruz, capitan general de la gente que hacía guerra á la ciudad de
Baza y su distrito, residia con trescientas lanzas y mill peones en la villa de
Benamaurel, que es tres leguas de Baza, haziendo corredurias a los moros y
inquietandolos como es costumbre de capitanes de frontera, y habiendo tenido
muchas escaramuzas
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»Habiendo habido esta vitoria y estando los moros de Baza apretados por la guerra que se les hacia por aquella frontera pareció a los reyes Catolicos de embiar su ejercito sobre la dicha ciudad de Baça, cuando se ganó.
»Don Aluaro de Bazan fue hermano segundo del Señor de la casa de Bazan y el estado de la dicha casa es el vizcondado de Valdueza y marquesado de la Bañessa, que tiene ahora el conde de Miranda, por el casamiento que hizo su padre con doña Maria de Bazan, señora que fue del dicho vizcondado y marquesado.
»Don Alvaro de Bazan dejó un hijo que se llamó del mismo nombre y, habiendo servido a su Md. en la Guerra de las Comunidades con duzientos de acaballo a su costa, apaziguadas las dichas comunidades sirvió con diez mill soldados que el Emperador Carlos quinto mandó hazer para la jornada de Fuenterrabia hasta que se acabó, que duro poco.
»El año 1526, estando el Emperador
Carlos quinto en la ciudad
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»Habiéndole entregado al dicho don Alvaro solamente cuatro galeras que había en España, le mandó su Md. que procurasse de aumentarlas hasta el numero de quinze galeras, armandolas de nuevo, y assi lo hizo, hauiendo tomado muchos esclavos en bajeles de cossarios turcos y moros y en la ciudad de Oney que ganó en Berberia el año 1532, que es muy vezina a la ciudad de Tremeçen, y por trattar Su Md. de la conquista de Berberia, habia mandado al dicho don Alvaro procurasse de ganar aquella plaça. Púsose sobre ella con dos mill infantes, haziendo la bateria con diez galeras, la que tomada del segundo assalto que se le dio, y visto los moros de la fortaleza que era perdida la ciudad, salieron huyendo por la puerta falsa. Fueron tomados cautivos hasta mill ánimas de muchachos y mujeres, y degollados más de quinientos moros. Los del castillo dieron tres cañonazos en las galeras, de que mataron doze personas y la Garapena fuera anegada de un cañonazo que recibió, sino fuera socorrida, arrizándosele una galera por cada banda, que la suspendieron hasta que desgotaron el agua y se remedió el cañonazo.
»El año 1533 tomó el dicho don Alvaro con las diez galeras que tenía, a Jabanarraez, cossario famoso, en Falkabivas con dos galeras y seis galeotas que traia, y aunque murieron muchos turcos cuando los embistieron, con los que tomaron bivos y alguna gente de buena boya que se hizo, armó el dicho don Aluaro otras cinco galeras mas, que fueron por todas quinze, conque sirvio á su Md. el año de Tunez, que fue el año siguiente de 1535.
»En la jornada de Tunez
estando sobre la Goleta el Emperador Don Carlos, y en ella gran numero de
Turcos y mucha artilleria, por lo que convenia mucho reconocer la dicha Goleta
y habiendo mandado su Md. al dicho don Alvaro que reconociese la Goleta por
tierra, hauiendolo hecho lo mejor que se pudo, y dando cuenta a su Md. de lo
que le pareció, se trato de que convenia reconocella por mar, y el dicho
don Alvaro se offressio de hazerlo, y assi estando sus galeras una
mañana, hizo grande rumor dando
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»Ganada la Goleta y Tunez, supo el
Emperador como Barbaroja se habia ydo á Bona, y que ponia en orden
quinze galeras para yrse á Argel. Mandó su Md. que fuesen otras
15 galeras en su seguimiento, y tocándole al dicho Don Alvaro esta
jornada, por ser el general de las galeras de España y ser mas
preminente cargo que ninguno de los generales que allí estaban, despues
del de Andrea Doria, que era general de la mar, el que por favorecer a su
patria ordenó a Centurion, mercader ginoues que fuesse á buscar
á Barbaroja con 15 galeras, y habiendose puesto en ejecución,
llegó a vista del dicho Barbaroja y como era su profesión
más de tratos y negocios que de cosas de guerra, aunque se halló
con otras tantas galeras como Barbaroja, no le pareció acometerle, sino
antes se bolvió á la Goleta, donde estaba nuestra
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»El año 1536 viniendo de la jornada de Azaes para yrse á invernar al puerto de Gibraltar con las 15 galeras de España de que era Capitan general, y diez de Sicilia que yvan debaxo de su estandarte, de que era Capitan General Don Berenguel de Olmos, encontró sobre Colibre, lugar de Cataluña, al reconocer la costa de España, 28 baxeles; diez de franceses, que los traya acargo Musiur de Careor, y 18 galeotas Turquescas de Argel, de que era general un Turco que se llamaba Hali-capitan, y viniendo las dichas galeras y galeotas con dichas 25 galeras que traya Don Alvaro y estando ya muy cerca los unos de los otros, pareciendoles á los Turcos y Franceses que los bajeles de Cristianos eran todas galeras reales y que ellos llevaban muchas galeotas, acordaron de no pelear y ponerse en huyda y dándoles caza, el dicho Don Alvaro, alcançó y tomo la galeota capitana de Argel, que era de 24 bancos, donde murió el capitan cuando la inbistieron. Las demas galeras y galeotas se escaparon sin tomar otra ninguna.
»El año siguiente, no teniendo su Md. ninguna jornada que hazer, el dicho Don Alvaro le supplicó mandasse proveer las galeras de España en quien fuesse servido, y aunque el Emperador hizo muchos cumplimientos con él, para que no lo dejasse, embiandoselo á decir á Gibraltar con el maestresala de la Emperatriz, no aprovechó, porque todavía las dejó el dicho Don Alvaro, sin querer mas seruir en ellas.
»El año
de 1543 el Emperador se fue á Flandes, dexando por Governadores en
Castilla á Don Juan Tavera, arzobispo de Toledo, y á Don
Francisco de los Covos, Comendador mayor de Leon por ser el Principe Don
Phelipe muy muchacho y no de edad para poder gobernar, y entre otras
provisiones que su M.d hizo, fue una de ellas dexar por
Capitan general del mar oceano al dicho Don Alvaro de Baçan, con
órden de que fuese luego á las costas
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»En cumplimiento desto el dicho Don Alvaro partió de la Villa de Valladolid á X de Abril de 1544, y a los 25 llegó á Laredo, habiendo ydo por Santander y el puerto de Santoña para reconocer los navios que podrian servir en la armada, y en la dicha villa de Laredo juntó de todos los puertos de Vizcaya hasta el número de cuarenta naos de 200 hasta quinientas toneladas, y porque su M.d habia ordenado que los del Reyno de Galizia repartiessen hasta el número de cuarenta mill ducados para el gasto de la dicha armada, envió al capitan Francisco Julian con quatro de las dichas naos al puerto de la Coruña, que es en el Reyno de Galizia, para que el dicho Reyno las armase avituallase y proveyese con los dichos cuarenta mill ducados. El capitan Julian fue a la dicha Coruña, á donde se proueyeron las dichas cuatro naos de todo lo necesario, y voluio al puerto de Laredo á los 15 de Junio.
»De las dichas cuarenta naos se aderezaron las 15, y en ellas se embarcó el dicho Don Pedro de Guzman con los dichos cuatro mill soldados y partieron para Flandes a 25 de Junio.
»Las 31 naos restantes hizo adereçar y avituallar como lo estaban las cuatro que vinieron de Galizia, y estuvieron en orden a los quatro de Julio.
»A Diego Garcia de Paredes nombró por Maestre de Campo de la Infanteria de la armada para que fuesse a hazer dos mill soldados á Burgos, Palencia y Tierra de Campos.
»A los ocho de Julio tuvo correo de Don Sancho de
Leyva que ala sazon era general de Fuenterrabia, como habia parezido una armada
francesa cerca de aquella Villa, de veynte y cinco naos, y que habian tomado
dos naos uizcaynas que yuan á Flandes cargadas de sacos de lana,
á los 6 del mismo, y porque Diego Garcia de Paredes no hauia traydo mas
que mill soldados, escriuió
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»Alos diez pasó el armada francesa avista de Laredo con viento próspero la vuelta de Galizia.
»A los 15 tuvo Don Aluaro de Bazan correo de los gobernadores dándole priesa que saliese con la armada, por haber tenido el mismo aviso de Don Sancho de Leyua, como habia aparecido la armada francesa sobre Fuenterrabia.
»A los 20 tuvo otro correo de los gobernadores en que le daban priessa saliese con la armada porque la de los franceses estaba en Galicia y habia saqueado las villas de Muros y Finisterra.
»Alos 18, habiendo recogido toda la gente de guerra y mar que habia de yr en la armada, partió Don Alvaro de Baçan de la Villa de Laredo, y navegando con prospero tiempo la vuelta de Galicia con 24 naos, porque la una habia dejado en Laredo por falta de gente, y hallando por la costa avisos muy ciertos de lo que hazia la armada enemiga, que los emviaba con mucha diligencia el conde de Castro, que era al presente gobernador en Galicia, avisándole de los muchos daños y robos que los franceses hacian, y que no se tenian por siguros en Santiago de Galizia por estar la gente de aquel Reyno mal armada y echar los franceses en tierra mas de cuatro mill hombres.
»A los 25 del mismo llegó la armada española á amanecer sobre el Cabo de Finisterra á los 25, el mismo dia de Santiago, adonde descubrieron la francesa que estaba trattando de componer la Villa de Muros. Dábanle los Gallegos ocho mill ducados porque no la saqueasen y los franceses pedian doze.
»Habiendose descubierto las dos
armadas la una á la otra, se pusieron en orden de batalla y se
acometieron con mucho ánimo y valor. La capitana de España
embistió á la de Francia, y ora fuese del golpe, ora de un
cañonazo, la echó á fondo y se ahogó la mayor parte
de su gente, y hasta cien marineros y soldados de la de España, y hecho
esto la capitana de España embistio a una nao francesa llamada la
Prieta, que venia en socorro de su
capitana, y peleó con ella y la rindió y tomó. Las demas
naos francesas y españolas embistieron unas con otras y habiendo todas
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»Habida esta uitoria Don Alvaro de Bazan se desembarco en tierra, y fue á Santiago de Galicia a dar gracias á Dios y al bienaventurado Santiago de la victoria que le hauia dado, adonde fue recibido del conde de Castro y en la yglesia catedral con gran regocijo y Tedeum laudamus, y de alli despachó con la nueva de la Vitoria al capitan Navarrete a Valladolid, adonde estaba el Príncipe Nuestro Señor, que hoy reyna, y a los Gouernadores, y a Flandes a Diego Garcia de Paredes, para que la diesse al Emperador Nuestro Señor. Tuuieron gran contentamiento de la Vittoria hauida en la batalla nabal contra los franceses.
»El armada española quedó acargo de Don Alvaro de Bazan, hijo mayor del dicho Don Alvaro, que ahora es Marques de Santa Cruz, que yva con su padre, mançebo de 18 años. Dejole orden que tomando la armada francesa por popa de la suya, se fuese á esperalle al Puerto de la Coruña, adonde fueron luego desde Santiago con dicho Don Alvaro, el Conde de Castro y los oydores á la dicha ciudad de la Coruña, donde entró la armada española con grande alegria á los 15 de agosto y los dichos Don Alvaro, Conde y oydores á los 17.
»El
Reyno de Galizia pidió que por ser el armada Real y haber contribuydo
con 40 mil ducados para la dicha armada, y no haber llegado la enemiga con su
presa á los puertos de Francia, se le debia de voluer y restituyr, y
habiendose juntado el dicho Don Alvaro, Conde y Oydores, resolvieron y
determinaron ser la demanda justa del dicho Reyno, y que se les volviesse
á sus dueños toda la ropa y otras cosas que los dichos franceses
les hubiesen tomado y se hallasen en su armada. Estimabase la presa en muchos
miles de ducados: voluioseles la mayor parte dello, por que aunque se hizo
mucha diligencia no se pudo escusar que la gente
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»Las naos de los enemigos se vendieron y se repartio la presa como es costumbre, y del dicho puerto de la Coruña partio el armada para bolverse á Laredo, de donde hauia salido á 20 de Setiembre.
»El Año de 1554, teniendo aviso la Ser.ma Infanta Doña Juana, Princesa de Portugal, Gouernadora de los Reynos de España por estar el Emperador y el Rey Nuestro Señor en Flandes; teniendo su Alteza nueua que habia salido de Francia una armada de doce naos y galeones con disiño de robar en la costa de España y esperar las flotas de las Indias para hazer lo mismo, proveyó su Alteza a Don Alvaro de Bazan por General de la armada de diez naos y galeaças para yr en busca de dicha armada francesa.
»Salió del puerto de Laredo con la dicha armada á 15 de abril de 1555 y habiendo buscado la armada francesa por la costa de España y islas de Canaria y Azores no la pudo hallar por haberse retirado la vuelta de Francia y habiendo tomado seys naos de cossarios, en vezes, se vino a invernar con la dicha armada en la bahya de Cadiz.
»Anduvo el dicho Don Alvaro con la dicha armada cinco años guardando las costas de España y navegacion de las Indias y en este tiempo tomó muchos bajeles de cossarios franceses, y defendió que ellos no hiziesen ningun daño en estas costas ni a las naos que yvan y venian de las Indias.
»El Año de 1564, habiendo
venido un turco que se llamaba Ayaya con muchas galeotas al Peñon de
Velez y de la Gomera por ser sitio cómodo y muy cerca de las costas de
España y razonable estancia para bajeles de remo, las cuales galeotas
hazian mucho daño á estas costas de España, y asi por esto
como por haberse hecho pazes con el Rey Enrique de Francia, la Republica y
Universidad de Seuilla offrescio asu Magestad de pagar ocho galeras por cuenta
de averias para defender sus flotas y otros navios de mercancias, que
danificaba aquel Cossario desde el dicho Peñon de Velez de que era
alcayde. Tuvo Don Aluaro estas galeras y sirvio a su M.d con ellas en el socorro de Oran y la primera y ultima
jornada del Peñon cuando se tomó, y el año de 1565 fue
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»Luego vino nueva que sobre el Rio de Roma que es diez leguas de Civitavieja havia parezido una gran banda de galeras Turquescas y parezia á algunos que se estuuiesse debajo de la artilleria de Civitauieja hasta tener mas nueva de los enemigos. Víno luego otro avíso, que habian contado sesenta galeras de Turcos, y Don Alvaro yba siempre su camino, bogando a cuarteles por esperar atener mas cierta nueva, y prestamente la tuvo de muchas personas que contaron las dichas galeras que eran 47, y con este aviso llamó á consejo á los capitanes de las galeras de la Señoria de Genoua y Centurion y a algunos caballeros principales que alli yban, y estando tratando de lo que se debria hazer, la guarda que yva en el garcés descubrió las galeras y habiendolas contado muchas veces no pareció que venian mas que hasta el número de 45 y asi se resolvió de yr a combatir con los enemigos poniendo las galeras en batalla por la orden que les habia dado, y yendo desta manera mas de dos leguas, reconocieron ser galeras que traya á cargo Juan Andrea, que yvan a embarcar seis mil Italianos que se habian hecho en el estado de Milan. Reconocidas las dos armadas; habiendose hecho salva la una á la otra siguió cada una su viaje.
»Llegó Don Alvaro á Napoles á XX de Julio adonde recogió el tercio de Napoles yendo por cabo de él Don Alvaro de Sande coronel de la Infanteria de Napoles y llego á Mesina a primero de Agosto donde hizo una suntuosísima entrada, llevando las galeras con muchas banderas y flamulas y haziendo gran salva de artilleria y arcabuzeria, de que no poco ánimo se dió a toda la gente para el socorro que se pretendia hazer á Malta.
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»Don Garcia de Toledo
General de la mar y virrey de Sicilia, aquien estaba cometido el socorro de
Malta, salió a la marina a recibir a Don Aluaro con gran regozijo de su
llegada, asi por lo que tocaba a su persona como por traer tan lucida bondad de
galeras y Infanteria. Tuuieron luego consejo y pareció que mientras
venia Juan Andrea pasasse Don Aluaro con la dicha Infanteria y se alojassen en
la Isla de Sicilia a la parte de Catania y Zaragoça, y que hecho esto
visitase 50 naos que tenia Don Garcia juntas en el Puerto de Zaragoça
para la armada, y hauiendolas visitado y reconocido, voluio a Mesina a los
de Agosto adonde Don Garcia de Toledo
juntó a consejo a los generales de galeras y a Don Alvaro de Sande
coronel de la Infanteria de Napoles y á los mariscales de Campo y otros
caballeros, entre los quales estaua Antonio Doria hombre de mucha esperiencia
asi en guerra de mar como de Tierra, y Ascanio de la Corna, soldado muy platico
y esperimentado, que por su persona vino á ser marques de Castellon. Don
Garcia propuso las fuerças que traya la armada del Turco y el numero de
galeras y infantería y naos de la armada de Su Magestad, y la necesidad
que tenian el Maestre y caballeros de la isla de Malta de ser socorridos y dijo
á Ascanio de la Corna que dijesse su parecer, el que respondió,
que por lo que tocaba á la mar, y tener poca platica deseara escusarse
siguiendo el del Sr. Don Garcia, mas pues queria que todauia dijese lo que le
parecia, que seria de opinion que todas las cosas se pusiessen en orden para yr
a socorrer a Malta y que se esperase tener mas ciertos avisos para con ellos
resoluer lo que convenia hazer. Luego dijo que hablasse Don Alvaro de Bazan, el
cual dixo que por lo que hauia propuesto el Sor Don
Garcia no le parecia bastante la armada de su Mag.d
para hazerse el socorro descubiertamente por tener gran ventaja la de los
enemigos en numero de galeras, y que si las
naos estuvieran armadas de Artilleria
municiones y gente, se podrian juntar con las galeras por ser en buen numero y
yr a hazer el dicho Socorro; que aunque las naos y las galeras no hazen buena
conserva, por ser tan cerca las Yslas de Sicilia de la de Malta, que de cabo
Paxaro alla no havia mas que 60 millas de trauessia, y siendo el camino tan
cerca se podria hazer con las naos y galeras; pero que estando las naos
desproveydas
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»Don Juan de Cardona dijo que se debia esperar á tener mas cierta nuena de Malta de la que habia, y guiar el socorro conforme a lo que de ella se entendiese.
»Don Alvaro de Sande dijo que le parecia muy bien lo que habia dicho Don Alvaro de Bazan y que a su voto se tenia.
»Don Bernardino de Cárdenas dijo lo mismo.
»Antonio Doria dijo que convenia mucho al servicio de Dios y de su Mag. el breve socorro de aquella isla; pero que tambien se habia de considerar como se dejaba Sicilia, siendo los enemigos tan pujantes; y que se pusiese en orden todo lo necesario y se despalmasen las galeras y se ejecutase el socorro como mejor pareciese, y que le contentaba por entonces el parecer de Don Alvaro de Bazan.
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«Con esto se acabó el Consejo y se empezaron á poner en orden las galeras con mucha priesa, y venido Juan Andrea con los italianos del Estado de Milan, se tornó a tratar del socorro y se resolvió que se hiciese con las sesenta galeras, y que Antonio de Oria quedase en Zaragoza con los soldados que no pudiesen ir en las galeras, por ser la mas importante plaza de aquella isla, teniendo, como tiene, un segurisimo puerto, capaz de un gran número de galeras.
»El año de 1568 proveyó su Mag. por General de las galeras de Nápoles a Don Alvaro de Bazan. Halló en aquel reino doce galeras; las diez armadas y las dos sin gente; las cuales armó aquel invierno, y otras, para la salida del verano. Y por haberse levantado los moriscos del reino de Granada, mandó su Mag. al Comendador Mayor de Castilla, lugarteniente del General de la mar, el Señor Don Juan de Austria, que fuese á la costa del reino de Granada y llevase dos galeras que tenia de España y doce del Duque de Florencia, aquien su Mag. daba la mitad del sueldo, y con aquello le servian; Cuatro de los Capitanes Bendineli y Mari; dos del Capitan Grimaldo, y cuatro de Lucian Centurion, que eran por todas 24 galeras, y que en ellas llevase 3.000 soldados del tercio de Nápoles para la dicha guerra de los moros de Granada, y que el dicho Don Alvaro de Bazan quedase corriendo las costas de Italia con sus 14 galeras y 10 de Sicilia.
»Habiendo partido el Comendador Mayor a los 14 de Marzo para Granada, y Don Alvaro a la dicha, se apartaron, yendo el Comendador Mayor a España con las 24 galeras, y Don Alvaro a correr las islas de Córcega y Cerdeña y las demas costas de Italia.
»En el golfo de Narbona, por la poca plática que el
Comendador Mayor tenia de las cosas de mar, salió de las Pomas de
Marsella con no buen semblante de tiempo y asi en el dicho golfo le
cargó tanto y tan fortunoso maestral, que con grandisimo riesgo y
peligro de ser perdido, tomó puerto con su galera sola en la isla de
Menorca, en el puerto de Mahon, y de alli se reparó y vino á
Palamós, adonde los turcos de su galera intentaron levantarse y llevarle
a Argel, y habiéndolo intentado con mucho ánimo, fueron
resistidos de los marineros y soldados de la dicha galera, y habiéndolo
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» Las demas galeras corrieron a Cerdeña. Perdieronse en la mar sin que mas se supiese dellos, la Patrona de Florencia y la capitana de Mari. Otras dieron en tierra, y por todas se perdieron ocho galeras.
»Hallose a la sazon Don Alvaro
de Bazan en el puerto de Caller, que es en la isla de Cerdeña, y
sabiendo la nueva de la tormenta y pérdida de las galeras, juntó
á Consejo a Don Alvaro Madrigal, Virrey de aquella isla y a Don Alonso
de Bazan, su hermano, Don Bernardino de Velasco y a Don Martin de Padilla, que
cada uno de estos caballeros eran capitanes de cuatro galeras, debajo del
estandarte del dicho Don Alvaro, para ver lo que convendria hacer, y a todos
pareció que dejando el dicho Don Alvaro de ejecutar el andar por las
costas de Italia, embarcase en sus galeras, y en las demas que se pudiesen
aderezar, de las que llevaba el Comendador Mayor, que habian corrido la
tormenta, los soldados del tercio de Nápoles, y ansi lo hizo,
dándoles socorro para que se repusiesen de vestidos, repartiendoles
coseletes, picas y arcabuces a los que habian perdido las armas en la tormenta,
y hecho esto y aderezadas las galeras, en que no gastó mas que cuatro
dias de tiempo, partió para España, atravesando su camino la
vuelta de Mallorca, y cerca de aquella isla tuvo aviso de un bajel de catalanes
lo subcedido al Comendador Mayor, como está dicho, y que estaba en
Barcelona con su galera, que ya la habia reparado del trabajo de la tormenta, y
aunque a todos pareció que el dicho Don Alvaro siguiese su camino al
socorro del reino de Granada con aquella infanteria y galeras, sin ir á
Barcelona a juntarse con el Comendador Mayor, y que haciendolo asi, la
infanteria y galeras llegarian antes al reino de Granada de lo que llegaran,
aunque el Comendador Mayor no corriera tormenta, por la diligencia que habia
puesto en el viaje y venir engolfado, en que se ganó mucho camino, y
aunque esto parecia muy puesto en razon, no quiso Don Alvaro de lo coger al
Comendador Mayor, pareciendole que si no lo hacia quedaba muy sin son el otro,
y ansi fue a Barcelona, adonde fue recebido con gran regocijo de aquella ciudad
y del Comendador Mayor, y escribió al
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»Partieron de Barcelona a 10 de Mayo del año 1569 e llegaron a Adra, que es una villa del reino de Granada; hallaron alli órdenes de su Mag. de desembarcar la infanteria del tercio de Nápoles. Estaba alli el Marques de los Velez con el ejército con que guerreaba a los moros levantados del reino de Granada, que seria de 7.000 soldados y 600 caballos, y Don Hernando de Valor, aquien habian levantado los moros por rey, estaba en la Sierra Nevada, en Valor, con más de 20.000 moros.
»Desembarcado el tercio de Nápoles, el Marqués de los Velez deseó mucho que Don Alvaro se quedase en su compañia y al Comendador y a Don Sancho de Leyva les pareció que convenia mucho que se hiciese, porque el Marques de los Velez, aunque tenia mucha opinion de hombre de guerra, no habia gobernado ejército, y asi, tenia poca plática desto y estaba muy embarazado con el que tenia en las manos, y asi se acordó que Don Alvaro quedase a ayudar al Marqués, y él holgó de hacerlo y de estar alli hasta poner en orden el ejército y dar la batalla a los moros, y asi lo hizo sacar de las galeras a Francisco Osorio para que fuese contador del ejército, y otras seis personas pláticas de cosas semejantes, para encargarles los bastimentos, pólvora y municiones y en tener cuenta con los bagajes y otras cosas necesarias en el ejército, y puesto todo esto en orden con toda diligencia, partieron á 20 de Julio, haciendo tres alojamientos; llegaron a un lugar que se llama Ujijar, habiendo tenido una escaramuza con los moros el dia antes. Fue la escaramuza en Lucailena.
»De Ujijar tenian muy cerca los moros rebelados, y aunque estaban en la Sierra Nevada, se resolvió el Marqués y Don Alvaro de que fuesen a pelear con ellos, y asi se hizo, y los moros vinieron a pelear con los cristianos casi abajo de la Sierra, adonde fueron desbaratados, y volvieron huyendo y desmamparando sus alojamientos, que era en Valor. Degolláronse algunos moros y tomóse mucho ganado y mugeres.
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»Habida esta victoria se dio cuenta a su Mag., el que habia holgado mucho que Don Alvaro quedase a ayudar al Marqués, y se lo agradeció y le escribió dandole gracias con palabras muy favorecidas.
»A los 25 de Setiembre del dicho año, su Mag. por hacer merced al dicho Don Alvaro, atento a sus servicios y calidad de su persona y casa, le dió titulo de Marques de Santa Cruz.
Relacion de la jornada de la Liga
»En la ciudad de Mecina donde se juntó el Armada de la Liga,
de Su Santidad, Magestad y Venecianos, se tuvo consejo general adonde se
acordó que se deberia ir a pelear con la armada del turco, que habia
andado haciendo daño en las tierras de Venecianos, y decian que estaba
en Lepanto ó la Prevesa, y habiendo partido con la armada de la Liga el
Sr. Don Juan de Austria, llegó a Corfo, isla de venecianos, de adonde
partió y fue al puerto de las Gumenizas para tomar muestra de la Armada,
y ver como estaba en orden, por ser un puerto despoblado y muy capaz de toda el
armada, y tener mucha leña y agua y habiendo tomado muestra a toda el
armada de su Mag. y Venecianos a los 3 de Octubre y resuelto de partir aquella
noche, digeron al señor Don Juan que por cierta [asi] que habia nacido
en algunas galeras de Venecia entre los soldados que su Alteza habia dado de su
Mag. y los Venecianos, el General de Venecia, no teniendo consideracion
á que estaba bajo el estandarte del Sr. Don Juan, por ser hombre alocado
y de poco juicio, ahorcó a un capitan italiano, y que su Alteza debia
proceder con gran rigor y castigar a dicho General; y visto esto, el Sr. Don
Juan mandó llamar a Consejo al Comendador Mayor de Castilla, su
lugarteniente; a Juan Andrea de Oria; a Don Juan de Cardona, General de las
galeras de Sicilia; á Pedro Francisco de Oria, que por ser hombre de mar
y de experiencia le llevaba el Sr. Don Juan a aquella jornada, y todos se
sentaron juntos a una banda. A la otra estaba Don Alvaro de Bazan, marques de
Santa Cruz y General de las galeras de Nápoles, el Conde de Pliego, que
venia por Mayordomo
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»Juan Andrea dijo que el General de Venecia deberia ser castigado con todo rigor, y que su Alt. en ninguna manera se fiase de los venecianos, y que se debia de volver y no pasar adelante, porque en las aguadas y en cualquier parte que diesen fondo, habria luego pendencias entre los soldados de Su Mag. y Venecianos, pues estaba claro que los soldados de su Mag. se sintirian agraviados y se querrian vengar de los venecianos, y que asi tornaba a decir que su Alt. se volviese y no pasase adelante.
»Don Juan de Cardona dijo, encogiendo los hombros, que era de parecer que no se pasase adelante, y que su Alt. se debia volver y no fiarse de Venecianos en ninguna manera y que por no alargarse se remitia en lo demas al parecer del Sr. Comendador Mayor y Juan Andrea.
»Pedro Francisco Doria dijo que el conocia a los venecianos y que en ninguna manera su Alt. se fiase de ellos, y que se volviese, porque el delito que habia hecho el General era gravisimo y que su Alt. deberia castigar con gran rigor sin dilatallo.
»Habiendo hablado los cuatro
desta parte, mandó el Sr. Don Juan que hablase el Marques de Santa Cruz,
el cual dijo que en ninguna manera convenia que su Alt. se volviese, y que le
suplicaba que tuviese consideracion al trabajo y gasto con que se habia
conducido alli aquella armada tan grande y real, y que su Mag. y Señoria
de Venecia y las demas potestades y principes de la cristiandad estaban a la
mira esperando el subceso de aquella jornada, y que no le parecia que se
cumplia con la obligacion
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»El Conde de Pliego dijo que habiendo visto el diablo aquella tan poderosa armada que la Cristiandad habia juntado, pa estorbar el buen subceso habia resuelto aquel negocio pa que se dejase de hacer la jornada que se esperaba, que el tenia por cierto seria muy en servicio de Dios, y que era de parecer que su Alt. fuese adelante y no se volviese.
»Don Miguel de Moncada dijo que era del parecer del Marques de Santa Cruz.
»Gil de Andrade dijo que suplicaba á su Alt. que en ninguna manera se volviese, porque tenia una muy hermosa armada junta, y que esperaba en Dios tendrian muy buen subceso.
»Juan Vazquez de Coronado dijo que su Alt. debia de seguir el parecer del Marques de Santa Cruz y no volverse en ninguna manera.
»D. Miguel de Moncada, Juan Vazquez Coronado, Gil de Andrade, Pedro Francisco Doria, estos eran del Consejo del Sr. Don Juan en su plaza, y su Mag. daba a cada uno 50 esc. cada mes de sueldo, y este dia, por ser negocio extraordinario, los juntó el Sr. Don Juan con los Generales y el Conde de Pliego.
»Acabado el Consejo, que seria al anochecer, el Sr. Don Juan, sin
haber tomado ninguna resolucion, envio a llamar a Marco Antonio Colona, al que
dijo la insolencia que habia hecho Sebastian
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»El Sr. Don Juan se bajó a su camara y tornó a llamar a Consejo a los mismos, los cuales fueron del mismo parecer que en el Consejo pasado, y siendo ya cuatro horas de noche, el Sr. Don Juan se levanto del Consejo sin haber tomado ninguna resolucion, bien confuso, y el Comendador mayor le dijo de alli á un poco; V. Alt. vea lo que quiere hacer, porque de la parte del Marques de Santa Cruz hay un voto mas que de la nuestra. Su Alt. respondió con gran resolucion; pues así es, vamos adelante y sigamos el parecer del Marques; y así se caminó adelante a un puerto que se llama Petela, questá cerca de las Escochulazas y Lepanto. Allí tornó el Sr. Don Juan á hacer Consejo de lo que se haria, á los 6 de Octubre. El Comendador Mayor y Juan Andrea eran de parecer que con haber llegado allí habian cumplido, y que se podia volver el Sr. Don Juan si la armada del Turco, questaba en Lepanto, no salia, y que esperase allí otro dia a ver si salia la armada. El Marques de Santa Cruz dijo que su Alt. saliese con su armada otro dia muy de mañana y se pusiese en batalla á las bocas de Lepanto, quince millas afuera, y que alli esperase dos horas, y que si larmada saliese podia combatir con ella, y que si no saliese, tirar toda el artilleria y arcabuceria y arbolar muchas banderas y volverse.
»D. Juan de Cardona dijo que no le parecia se debia hacer aquella salida, porque a la vuelta podia venir el armada del Turco sobre la nuestra ó subceder algun temporal de que resultase algun inconveniente de pérdida de galeras y que era mejor irse al puerto Higuera, que era del otro cabo de Lepanto y el camino que la armada enemiga habia de llevar para ir a Constantinopla, y que si no saliera de Lepanto el Sr. D. Juan se volveria.
»El Principe de Parma que a la sazon
se habia hallado en la
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»En los demas del Consejo hubo varios pareceres, y el Sr. Don Juan resolvió de a otro dia hacer la representacion, y el armada del Turco salió de Lepanto á buscar la nuestra y asi se vino á dar la batalla otro dia 7 de Octubre.
»Estando el Sr. Don Juan en la Real a vista de los enemigos, el Marques de Santa Cruz vino a dar a su Alt. la norabuena de haber parecido el armada del Turco, diciendo a su Alt. que de grandes príncipes era buscar las grandes ocasiones; que esperaba en Dios que su Alt. tendria aquel dia una gran vitoria y que del y de sus 30 galeras podria su Alt. estar cierto que con todo animo y valor le servirian y harian el debito, y que lo mismo entendia de las demas galeras del armada. Vino el Marques armado con unas ricas armas muy doradas y el muy galan y con muchas plumas y muy regocijado. Su Alt. le respondió abrazandole y agradeciendole mucho lo bien que habia hecho en haber procurado tanto en los Consejos que habia habido, conducirle al término en que se hallaba, y asi se volvió el Marques muy contento a poner en orden las 30 galeras que llevaba de socorro, que le fue dado por el Sr. Don Juan aquel cargo a pedimiento de los venecianos y del General del Papa por ser tan importante y adonde convenia persona de gran confianza.
»El Sr. Don Juan
mandó poner toda el armada en batalla, conforme a la orden que tenia
dada, y salió en una fregata discurriendo por toda larmada, hablando y
animando la gente, y volviose á la Real. Yendo para embistir a los
enemigos envio decir a Juan Andrea que llevaba a cargo el cuerno derecho, con
el capitan Orgas, que se juntase con la batalla y fuese en el lugar que le
estaba señalado, que habia de haber de la postrera galera de la batalla
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»Viendo que los turcos llevaban lo peor por las otras partes y que la galera real turquesca parecia estar en términos de perderse, Don Alonso de Bazan con 10 galeras de socorro acudió á la parte del Cuerno derecho y estorbo y quito á los turcos que nos llevasen aquellas 20 galeras que habian degollado la gente dellas.
»El Marques de Santa Cruz acudió a la batalla con otras 10 galeras, y enviando a Don Martin de Padilla con otras 10 al cuerno siniestro, y estando el Sr. Don Juan peleando con la real del turco, le venian á embestir por el lado de la popa dos galeras turquescas, que se les habia asi encargado lo hiciesen; la una venia toda dada de verde y la otra roja, y antes que llegasen a la Real, el Marques embistió a la galera verde, la cual venia armada toda de genizaros, gente muy escogida y en mucho numero, de manera que yendo muy bien armada la capitana del dicho Marques, fue menester pelear con esta galera tres cuartos de hora y habiendo muerto y herido 80 hombres de la capitana del Marques y a el dadole tres arcabuzazos, uno en la rodela y dos en el peto fuerte, fue rendida la galera turquesca y degollada toda la gente della, y tambien murió el capitan, que se llamaba Mamí, del Mar Negro.
»Acabada la batalla, el Marques y Juan Andrea, Don
Juan de Cardona, Don Alonso de Bazan, Don Martin de Padilla y Don Bernardino de
Velasco, que estos tres eran capitanes de cuatro galeras debajo de estandarte
del Marques de Santa Cruz, y otros muchos caballeros, fueron a la galera Real a
dar la norabuena de la jornada al Sr. Don Juan y de tan gran vitoria, y el Sr.
Don Juan los recibió con mucha alegria, abrazandoles a todos y
agradeciendoles lo bien que se habian señalado y peleado aquel dia en
servicio de Dios y de su Mag., y aquella noche con mucho
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»Llegada la armada a Corfo, isla de venecianos, se hizo la particion de la presa y su Alt. tubo por bien que de las 37 galeras y 3 galeotas turquescas que el Marques de Santa Cruz tomó con las 30 galeras de Nápoles de que era General, diese la galera verde al monesterio de San Francisco de Corfo, que los turcos de la dicha armada le habian quemado pocos dias habria, pa ayuda del reparo de aquella casa, y asi la dio a los frailes.
»Llegada larmada de su Mag. a la ciudad de Mecina, habiendose repartido la presa en Corfo entre su Mag. y venecianos, se repartio la parte que toco a su Mag. entre los Generales y gente de las galeras conforme a las instrucciones de su Mag., y antes que se hiciese el repartimiento, un dia, estando muchos caballeros con el Sr. Don Juan, llamó al Marques de Santa Cruz y le dijo que si el tuviera de que hacelle la merced que merecia el servicio que habia hecho á su Mag. en aquella jornada y lo bien que se habia señalado y peleado el dia de la batalla, que tuviese por cierto lo hiciera muy cumplidamente, y siendo esto asi, no podia hacer mas por entonces que darle alguna parte de la presa de mas de lo que le tocaba por la instruccion de su Mag. como Capitan general de las galeras de Nápoles, y que asi rescibiria mucho contentamiento de que tomase cuatro galeras turquescas pa sí.
»El Marques tuvo esto por muy gran merced y favor y lo agradeció mucho el Sr. Don Juan, y asi se le dieron al Marques la galera capitana turquesca de Mamí Chiribi, proveedor de latarazanal y la galera de Mostafá, hijo de Pertan-Bajá, que venia por general de la gente que saltaba en tierra de larmada; la galera capitana de Metelí; la capitana de Mahamete el Izquierdo. Todas estas cuatro galeras llevó el Marques a Nápoles y las armó, y despues las compró su Mag. en 56.000 ducados.
»El año de 1572 sacó el Marques de Santa Cruz 38 galeras armadas de Nápoles, es a saber; las 4 que le dió el Sr. Don Juan y otras 4 que armó por cuenta de su Mag., y habiendose juntado en Corfo el armada de los venecianos y de su Santidad, despues que los dichos venecianos y Marco Antonio Colona se habian visto con la del turco y representado la batalla.
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»Tornó su Alt. a ir en busca con la armada de su Mag. y venecianos, questaba el armada del Turco en Modon, algo maltratada por haber alguna gente enferma. El Sr. Don Juan vino a amanecer cerca de Navarino, ques junto a Modon, y allí parecieron algunas galeras turquescas que se iban la vuelta de Modon, de adonde salió Aluchalí con un buen numero de galeras a representar la batalla a su Alt., y su Alt. mandó poner en orden su armada y fue la vuelta de los enemigos á pelear, y la armada del Turco se retiró y metió en Modon, y el Sr. Don Juan llegó cerca de Modon y se pasó por un lado de la tierra la vuelta de las islas de la Sapiencia, que es junto a Modon, y como tan grande armada no pudo ir siempre en la orden que conviene y era ya tarde, casi a puesta de sol, Aluchali, General de la armada turquesca, visto que la nuestra iba algo desordenada, salio con hasta 150 galeras y empezó a apretar a nuestra armada, tirando muchos cañonazos. El Sr. Don Juan volvió a los enemigos con su Real, haciendo señal a que toda la armada volviese, la cual estuvo muy desordenada, y siendo menester ponerse en batalla por hacer cara a la de los enemigos, viendo el Marques de Santa Cruz que el proveedor veneciano Soranzo, que llevaba a cargo el cuerno siniestro, como no plático de las cosas de la mar fuera muy posible a no darse maña a tomar su lugar, y siendole mas comodo ponerse en el del Marques de Santa Cruz, que era a el cuerno derecho, el dicho Marques con gran presteza se resolvió de irse al lugar de Soranzo, como lo hizo, y hecha su frente de la escuadra de galeras que llevaba a cargo, empezó a hacer rostro a los enemigos, tirandoles de cañonazos, y con esto tuvieron lugar de ponerse en orden las galeras de la batalla y cuerno derecho, y hicieron tornar a retirar a los enemigos a Modon.
»Hecho esto en que el dicho Marques mostró lo mucho que entiende de las cosas de la mar y la gran diligencia con que las ejecuta, se fue a la galera del Sr. Don Juan donde se acordó de ir otro dia a hacer agua á un rio questa cerca de Coron, y asi fue la armada: allá echaron la gente en tierra y hicieron el aguada, la que se hizo muy a placer, llevando los enemigos lo peor en la escaramuza.
»Hecha el aguada y recogida la gente, el Sr.
Don Juan tuvo
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»En el puerto de Navarino estuvo su Alt. algunos dias y alli acudió gran numero de caballeria turquesca y de gente de larmada para defender que no hiciese aguada la nuestra, y habiendo salido un día á hacer el aguada, tuvo el Sr. Don Juan aviso que venia Aluchali con 8.000 turcos y toda la caballeria. Mandó al Marques de Santa Cruz saliese con 4.000 soldados del tercio de Nápoles á dar calor á los otros soldados questaban en guarda del aguada, porque no rescibiesen daño de los enemigos, y habiendo salido el Marques con dicho tercio de Napoles, tuvo escaramuza con los enemigos, y sin que hiciese ningun daño a los nuestros, mas que haber muerto a Don Diego de Rojas, de Jaen, sobrino del Marques de Denia, y otros dos soldados, hizo retirar los turcos y caballos con pérdida de algunos turcos y caballos que las mangas de arcabuceros y los arcabuceros sueltos mataron.
»Otro dia
ordenó su Alt. que el principe de Parma pusiese sitio
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»Descubriendose de Navaríno la nao veneciana y las galeras turquescas que la empezaban a combatir, salió el Sr. Don Juan con su armada a defender la nao y Luchali salio con la suya por dar calor y amparar las 30 galeras que combatian la nao, y salidas las dos armadas empezaron a escaramuzar la una con la otra y dandose de cañonazos y viendo Mahamete Bay que no podia salir con la empresa de la nao por el socorro que le venia, hizo que se volviesen las galeras á juntar con Luchali, quedándose él en retaguardia con su galera y otras cuatro.
»Salieron en socorro de la nao y a pelear con las galeras que iban a combatilla las galeras siguientes: La Capitana del Papa; la Capitana de Canalete, veneciano; la Capitana de Sicilia; Patrona de Sicilia; Patrona Real y otras 14 ó 15 galeras, y el Marques de Santa Cruz con la Capitana de Nápoles, la ultima de las galeras; las demás galeras estaban con su Alt. escaramuzando y tirandose de cañonazos con las galeras turquescas.
»Las 30 galeras que se iban retirando,
que habian salido á la nao, pasaron a juntarse con las de Al
Uchalí, sin que se lo estorbasen las nuestras, porque no debieron de
poderlo hacer. El Marques de Santa Cruz embistió la capitana de Mahomete
Bay, nieto de Barbaroja, a vista de las dos armadas y peleó con ella, y
en poco más de media hora fue muerto el General y degollados más
de cien genizaros turcos y rendida la dicha galera, que traia 250
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»Era la Capitana de Mahamete Bay, bastarda; hermosa galera armada de cuatro y cinco cristianos a banco, con muy ricos ornamentos de tendales y banderas y aljubas de tela de oro y otras sedas, y asi fue muy rico saco pa los soldados el desta galera. Fue una suerte la que el Marques hizo con esta galera, de mucho ánimo y valor, pues estando a vista de las dos armadas, a donde pudiera ser muy bien socorrida de los turcos, la imbistió, y peleando valerosamente la tomó y llevó por popa al Sr. Don Juan, sin que ninguna de las otras galeras se atreviese a hacer otro tanto, teniendo en la mano la misma ocasion con las otras galeras que se volvían, que habian salido a combatir la nao.
»Su Alt., recibió al Marques con gran contento, dandole grandes gracias de lo que habia hecho y por lo que habia honrado la nacion española, y porque entendió que el Marques no habia comido, mandó que le trujesen de comer y su Alt. tornó a comer con él por tenerle compañia.
»Con este subceso, viendo que no era de
efeto la estada del armada en aquella parte, se volvio el Sr. Don Juan a Corfu,
adonde le pareció a su Alt. y al General del Papa y Venecia que la
galera capitana de Mahamete Bay que habia tomado el Marques, se le diese, con
mas el capitan de los genizaros por joya, y 60 turcos que se tomaron vivos, se
repartiesen entre su Mag. y
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»El año 1572 invernó el Sr. Don Juan en Nápoles y tuvo orden de su Mag. que la primavera del 73 saliese con larmada y fuese a tomar a Tunez, porque los turcos habían quitado aquel reino al rey moro Hamida que lo tenia como vasallo de su Mag. y los turcos iban juntando galeotas y otros bajeles en Biserta y en otros lugares marítimos de aquel reino y en las islas de los Gelves y Querquenes. Su Alt. por algunos inconvenientes que hubo no pudo salir a hacer esta jornada hasta el mes de Agosto, que pasó en Sicilia y en Octubre a la Goleta, adonde desembarcó su ejercito, y en Tunez estaba Lobadan Baja con hasta 2.000 turcos. Como vió larmada, aquella noche quiso dar muestra de su gente haciendo grande salva de artilleria y arcabuceria. El Sr. Don Juan salió otro dia con su ejercito de la Goleta y se fue a alojar a unos pozos que estan a media legua de Tunez, habiendo tenido nueva que los enemigos estaban muy temerosos y con animo de no esperar el ejercito, y con este aviso su Alt. ordenó al Marques de Santa Cruz que fuese con 4.000 hombres a Tunez y si pudiese apoderarse de la ciudad y alcazaba lo hiciese. El Marques cumpliendo la orden del Sr. Don Juan, marchó luego con la dicha gente, y llegado a Tunez, huyeron y desampararon la ciudad y alcazaba los turcos y moros que allí estaban, y los soldados tuvieron aquella noche buen alojamiento y buen saco.
»Otro día por la mañana vino el Sr. Don Juan con el ejercito y le salio á recebir el Marques y entrego las llaves de lalcazaba, adonde se aposentó su Alt. y el ejercito en la ciudad. Estuvo alli ocho dias y los soldados tuvieron siempre muchos carneros y gallinas y vacas y buen saco de ropa, que hallaron mucha cantidad en los pozos y aljibes. Aquel invierno estuvo su Alt. en Nápoles, y de alli se fue a Milan.
»El año de 1576 empezó a sacar el
Marques de Santa Cruz sus
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»Sabido
esto por el dicho Marques, dio luego aviso de tal insolencia a Su Mag. y al Sr.
Don Juan, questaba en Milan, y a los demas ministros de Italia, y como pensaba
ir en busca de galeras venecianas y castigarles conforme á lo que
merecían, y insolencia que habian cometido en Candia. De la Fosa de San
Juan se fue el Marques con sus galeras a Zaragoza, adonde embarcó 4.000
soldados de que era Maestre de Campo Don Lope de Figueroa, y dos
compañias de Sicilia y otra del tercio de Napoles, que hacian todas el
numero de 5.000 españoles, y fue a Malta, adonde trató con el
Maestre lo que se podia hacer en Berberia, y habiendo juntado a los de su
consejo, pareció a todos que ninguna jornada se podia hacer mejor que la
de los Querquenes, por ser una isla muy cerca de tierra firme, casi tan grande
como la de los Gelves, tierra que nunca habia sido emprendida de ninguna armada
ni gente, de que hubiese memoria, por ser cerca de grandes bajios, los cuales
habia reconocido el Marques otra vez que habia andado por aquella costa, y asi
se concertó la jornada y
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»Embarcadas las yeguas y puestas en orden las 4 galeras de la Religion, que todo se hizo en dos dias, partió el Marques para los Querquenes. Llegó a los 22 de Junio y habiendo acertado bien a entrar por los secaños, llegó con las 36 galeras a tiro de ballesta de la isla y por ser muy tarde no se pudo aquella noche echar la gente en tierra. Vinieron los moros de la isla con alguna gente de a caballo y mucha gente de a pié. Trabose escaramuza con ellos por la gente que andaba en los esquifes y habia salido desmandada, y habiendo tomado dos moros negros y ellos muerto dos cristianos en una fregata, se retiraron.
»Aquella noche se hicieron planchas sobre los trinquetes y entenas
de trinquetes y espigones pa echar la gente y caballeria en tierra, porque en
ellas y en los esquifes y fregatas pudiese salir en dos ó tres barcadas,
y asi se hizo, y otro dia, vispera de San Juan, salió la gente en tierra
muy de mañana y formando tres escuadrones, los dos de infanteria
española que iba en las galeras, y el otro de los caballos y soldados de
la Religion de San Juan, que serían 800 hombres, a los cuales
acompañó el Marques con 1.200 soldados porque fuese de mas gente,
que por todos eran 2.000, y habiendo formado los dichos tres escuadrones y
hecho una frente dellos guarnecidos, y con sus mangas de arcabuceria,
marchó el Marques por la isla, llevando a cargo el escuadron de la mano
derecha, en que iba la Religion de San Juan, el Comendador Romegas, General de
las galeras de Malta, y el de la mano siniestra Don Lope de Figueroa. En el de
enmedio iba el Marques, y como Capitan general, acaballo con otros caballeros
que
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»La gente de acaballo iba descubriendo la isla, que serian hasta 50, con su estandarte. Los moros de la isla se hallaron sin capitan, por haber ido su jeque dos dias antes que llegasen las galeras a tierra firme, y asi habiendo reconocido los cristianos que caminaban en tan buen orden, fueronse retirando al cabo de la isla, y nuestra gente siguiendolos y pasando despues por unos brazos de agua que habia, por repararse en otros islotes y en los secaños y pesqueras que tenian, fue necesario dividir la gente, y que Don Lope de Figueroa fuese con su escuadron, que llevaba marchando por la mano siniestra la vuelta de Levante: la caballeria pasó el agua a las rodillas y algunas veces a los pechos, y alcanzaron los moros y peleando con ellos los nuestros, lancearon algunos de los moros, los cuales hirieron a los capitanes Medrano y Simancas. La infanteria del escuadron del Marqués pasó a las isletas, adonde, de nuestra gente y caballos fueron presos muchos esclavos, mugeres y niños, y otros ahogados en los secaños y pesqueras, y algunos se escaparon en barcos que tenian en las pesqueras, a tierra firme, que serian hasta 800 personas, de los cuales tomó el Marques tres barcos en que irian mas de 300 esclavos, entre mujeres, niños y hombres. La demas gente que se tomó en la isla, que serian hasta mill animas, y porque los soldados trabajaron mucho, que se mojaron sus armas y ropa, el Marques no quiso parte de la presa y dejoles todo lo que habian tomado, que de los esclavos hubo mucha ropa que saquearon en siete casales que habia en la isla, en que estaba repartida la poblacion.
»Los Querquenes es tierra muy llana con muchas arboledas de palmas, de que cojen grano de dátiles. Tenian los moros mucho aprovechamiento de las pesquerias y gran numero de ovejas y carneros, que sigun se entiende, los que mataron y llevaron la gente de las galeras, fueron mas de 15.000 cabezas. Tambien tenian muchos caballos.
»Hecho esto y habiendose embarcado toda la gente con la presa que llevaban, fue el Marques con las galeras a hacer agua a Africa, que es la ciudad que tomó Andrea de Oria y Juan de Vega y Don Garcia de Toledo, y despues se dejó.
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»Acudieron algunos moros a la aguada, con quien se trabó escaramuza, y hecha el aguada se fue el Marques la vuelta de Susa para saquear aquellos lugares, y estando cerca encontró un navio de cristianos que el mesmo dia habia salido de Susa, que le dio aviso que los moros de Susa y Monesterio y de otros lugares de aquella costa, habiendo desamparado y salidose huyendo dellos, por tener nueva que el Marques habia saqueado la isla de los Querquenes, y que el habia pasado de Susa aquella mañana y no dejaba gente dentro.
»El Marques, por llevar muy embarazadas las galeras con la infanteria, presa y caballeria, visto que no podia hacer nada en aquella costa, por estar todo avisado, se resolvió de volver a Malta, adonde llegó a los 29 de Junio y fue recebido con grande alegria del Maestre y toda la Religion, y desembarcados las yeguas y la gente de la Religion, y habiendo hecho presente al Maestre, Baylios y otras dignidades de la Religion, de 50 esclavos, se volvió a Zaragoza de Sicilia, de donde habia partido.»
Aquí termina el manuscrito, que llena diez y nueve hojas en folio, con señal evidente de haber sido cortadas por el margen otras siete. En la copia hecha por distintas manos, no se ha cuidado de reproducir con escrupulosidad la ortografía incierta del original.
Madrid 9 de Febrero de 1888.
Cesáreo Fernández Duro.
