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Una amistad porteña:
Reyes-Giusti84
Como lo ha señalado Carlos Fuentes, uno de los períodos fundamentales de la vida de Alfonso Reyes fue su estancia en la Argentina (el otro fue su etapa brasileña). El tema de Reyes en el Río de la Plata ha llamado la atención de los críticos desde hace ya más de dos décadas, como lo atestiguan los libros pioneros de Alicia Reyes y Paulette Patout, así como los artículos sustanciosos de Javier Wimer, Enrique Zuleta Álvarez y, recientemente, el de Javier Garciadiego. Además de las numerosas páginas de Reyes que abordan asuntos argentinos, una de las fuentes más útiles para el estudioso ha sido el Diario del humanista mexicano, el cual abarca los años 1911-1930 y cuenta con más de una tercera parte dedicada a los casi tres años transcurridos en Buenos Aires entre 1927 y 1930. Sin llegar a ser un diario verdaderamente íntimo, esas anotaciones ofrecen una rica información sobre las —148→ actividades e impresiones del escritor diplomático. La otra fuente imprescindible para acercarse a las dos embajadas argentinas de Reyes son las cartas que intercambió con sus mejores amigos porteños. Éstos no son epistolarios extensos, pero sí contribuyen a nuestro conocimiento de las relaciones entre don Alfonso y sus corresponsales -sea Leopoldo Lugones, Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Ricardo E. Molinari o Enrique Anderson Imbert (y pronto tendremos su correspondencia con Guillermo de Torre). De las miles de cartas que Reyes escribió, algunas de las más reveladoras sobre su estancia bonaerense se encuentran en los volúmenes que recogen su correspondencia con Valery Larbaud, Pedro Henríquez Ureña y sobre todo Genaro Estrada, su confidente y jefe en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Las casi doscientas cincuenta páginas de misivas cruzadas entre Reyes y Estrada constituyen un abundante y valioso documento sobre la experiencia argentina de Reyes, una experiencia llena de ilusiones y desilusiones, de éxitos y fracasos, de alegría y tristeza, una etapa que indudablemente lo marcó para toda la vida. Para apreciar todo el alcance del trabajo oficial del Embajador, será de sumo provecho el monumental volumen de informes diplomáticos que está por salir en Fondo de Cultura Económica. Tampoco hay que olvidar como indispensable herramienta de trabajo el tomo publicado, en 1998, en esta capital con el título de Alfonso Reyes en Argentina, un tomo de gran valor documental.
Ahora bien, el presente volumen trata de una amistad que
había sido olvidada esencialmente por la carencia de documentos. Sin
embargo, gracias a la generosidad de Javier Fernández en Buenos Aires y
de Alicia Reyes en México, hemos podido reunir algo del material
epistolar que se ha conservado entre Alfonso Reyes y Roberto F. Giusti. Lo
componen solamente dos docenas de cartas divididas exactamente entre los dos
interlocutores. Para completar esta edición, se
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han
agregado, al final, los diversos textos que Giusti escribió sobre su
amigo mexicano. Aunque así, el libro apenas llega a tener un centenar de
páginas, basta para hacernos ver que existió entre ambos
escritores una estrecha relación basada en la admiración, la
confianza y el afecto. La literatura fue lo que los acercó desde un
principio. Compartían la misma afición a las letras
españolas (Góngora, por ejemplo) e hispanoamericanas. A Reyes, le
fascinaba todo lo argentino; mientras que Giusti se interesaba por la
expresión literaria de México -especialmente, por Amado Nervo y
por Alfonso Reyes desde luego-. Para el argentino, Reyes era su amigo y
maestro, y los libros que éste le mandaba, siempre frutos de su
«señorío intelectual», le servían para sus
clases y sus trabajos críticos. Reyes era para él un escritor
culto, agudo, ingenioso, universal, dueño de «un gusto de
refinado catador de quintaesencias estéticas».
A su vez, el
mexicano se deleitaba con cada nueva obra que recibía de Giusti,
reconociendo su «probidad intelectual»
así como su
«arte moral»,
su «sano y equilibrado
espíritu»,
su «recto corazón y pluma
diligente»,
y «la buena atmósfera que hay
siempre»
en todo lo suyo. Tanto en lo espiritual como en lo humano,
los dos amigos se parecían y, por eso, se entendieron y se estimaron. La
cortesía, la bondad, la cultura, la inteligencia, la lucidez eran
virtudes que los caracterizaban.
Este diálogo epistolar da cuenta del frecuente intercambio
de libros y del anhelo constante de colaboración. La revista
Nosotros -punto de partida en 1920 del
contacto entre Reyes y Giusti- no se cansa de pedirle contribuciones a Reyes,
siempre agobiado por sus obligaciones oficiales. Al lado de este recurrente
tema, está el del recuerdo. Alejado de la Argentina -sea en el Brasil o
en México- a Reyes, le importa que no lo olviden, y así fue. El
máximo galardón lo recibió en diciembre de 1959 cuando sus
«fraternales amigos»
lo propusieron para el Premio
Alberdi-Sarmiento. La
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Argentina -«tierra
inolvidable»
para Reyes- le manifestó de esta manera su
enorme gratitud y afecto. Tal reconocimiento conmovió con profundidad a
Reyes quien, desgraciadamente, murió pocos días después.
La última carta de esta correspondencia fechada el 18 de diciembre
-quizás, la última que escribió el autor de
Visión de Anáhuac- puede ser
leída como una especie de testamento, de despedida, de
declaración de amor por este país y por sus «predilectos
amigos»
argentinos. Así concluye esta conversación
sostenida durante casi cuarenta años, entre Alfonso Reyes
«amigo de la Argentina»
y Roberto F. Giusti, su
«hermano en letras».
Este breve y esporádico epistolario ofrece un testimonio concreto de otro lazo de amistad entre Reyes y la Argentina, en este caso, con uno de los críticos literarios de mayor envergadura de esta región de América. Cabe recordar que uno de los ideales de Reyes era lograr un mayor acercamiento entre los diversos países latinoamericanos a través de la cultura. Por otro lado, es de esperar que la auténtica admiración que sentía Alfonso Reyes por la obra de Roberto F. Giusti -admiración poco conocida hasta ahora- suscite entre los críticos de hoy un nuevo interés por la labor en muchos sentidos pionera y fundamental de este distinguido hombre de letras argentino.